jueves, 9 de junio de 2016

Miradora

Uriel tenía pasaje de bus a las 5.10, tenía hambre. Mientras pensaba en cómo se relacionaba con la gente, busco algo para comer. Como no encontró ningún asiento para estar decidió sentarse en una escalera metalica del terminal que llegaba a un comedor a tres metros de altura sobre el anden. Ya había gente que, pensando igual que él, se ocuparon un puesto en la escalera, eran alrededor de cinco personas sentadas una tras otra hacia el segundo piso. No importándole tener que sentarse mas arriba subió la escalera hasta casi llegar a la puerta del comedor y sentose a comer su sandwich. Acabó su merienda y se dispuso para leer. Tenía frio y no quería enfriarse. Mientras pensaba sobre qué iba a hacer divisó un asiento vacio, una banca típica de madera para tres personas, quedaba un puesto al medio ya que los dos laterales estaban ocupados. “Esta es la mía” pensó, mientras bajaba rápidamente de lo alto de la escalera cuidando de no pasar a llevar a las personas que estaban sentadas al lado derecho de la escala. Estando a punto de llegar abajo tuvo que pedir permiso pues había dos personas que entorpecían su camino. Llegó a la banca y se sintió aliviado de poder leer tranquilo su libro. Eran las 4.40, tenía tiempo de leer. Al sentarse entremedio de los dos advirtió que la persona a su derecha se había ido. Quedo el hombre a su izquierda, él y el asiento vacío a su derecha. Siguió leyendo tranquilamente mientras esperaba su bus. Uriel tenía la esperanza de encontrar alguna vez a su amor entre las multitudes, creía que la persona indicada podría encontrarse (y encontrarla) en cualquier parte, en cualquier situación, en cualquier momento inesperado. Por otro lado creía que Dios le tendría una mujer preparada y se la presentaría en el momento adecuado. Era una de sus grandes dudas existenciales. De pronto una niña de su edad se quedó parada en frente de él pensando en qué iba a hacer (seguramente pensando en su bus, o algo en relación a eso). Ella lo miraba de reojo, él pensó, querrá algo conmigo? Era una niña bellísima, de todas formas su ego latia y queria que ella se fijara en él. Usaba un abrigo cuadrillé blanco y negro y abajo pantimedias y botas. Era preciosa. Uriel le dirigió su mirada y ella hizo un gesto que él interpretó como que ella se estaba fijando en él sin mirarlo, como pensando en lo que iba a hacer ahora que había visto a este chico. (Él interpretaba siempre cosas pequeñas de las mujeres, interpretaba miradas, movimientos. Quizás quería reafirmarse y levantar su autoestima pensando que las chicas se fijaban en él) Decidió, sin pensarlo mucho, sentarse a un lado de Uriel al costado derecho de la banca. Él sabía que ella no era la chica indicada para él, a pesar que era hermosa. Él quería algo más, quizás algo más trascendental, algo que lo llenara de seguridad para entablar un dialogo con algún tipo de interés subliminal. Al parecer la niña se comportaba de una manera un poco inquieta, movía su pierna repetidamente, Uriel lo interpretaba como interés de parte de ella, como nerviosismo de haberse sentado ahí por un propósito y no ser correspondida. Uriel se mantuvo siempre firme en la postura de no tomarla en cuenta y eso probablemente exacerbaría el interés de esta niña. Mientras se mantenía firme pensaba en ella Lorena. Se mantuvo firme pues él sabía que su deseo iba dirigido hacia algo mucho más profundo, más cabal. Ni siquiera la miró bueno si, la miraba, pero de reojo. Su interés era más bien sexual, era una niña preciosa, él se imaginaba su piel tersa, su limpieza. Era una mujer que lo atraía realmente, pero no en el sentido amoroso, por lo tanto la dejó pasar. Ella se alejó en un momento, era el momento de decir adiós. Fue a tomar su respectivo bus. Había sido un intento frustrado de agradar y buscar a Uriel? Nunca lo sabremos, era lo que él pensaba hacia su interior. La niña se perdió entre la muchedumbre, nunca más la volvería a ver. 

No hay comentarios: