Uriel tenía pasaje de bus a las 5.10, tenía hambre. Mientras pensaba en
cómo se relacionaba con la gente, busco algo para comer. Como no encontró
ningún asiento para estar decidió sentarse en una escalera metalica del
terminal que llegaba a un comedor a tres metros de altura sobre el anden. Ya
había gente que, pensando igual que él, se ocuparon un puesto en la escalera,
eran alrededor de cinco personas sentadas una tras otra hacia el segundo piso.
No importándole tener que sentarse mas arriba subió la escalera hasta casi
llegar a la puerta del comedor y sentose a comer su sandwich. Acabó su merienda
y se dispuso para leer. Tenía frio y no quería enfriarse. Mientras pensaba
sobre qué iba a hacer divisó un asiento vacio, una banca típica de madera para
tres personas, quedaba un puesto al medio ya que los dos laterales estaban
ocupados. “Esta es la mía” pensó, mientras bajaba rápidamente de lo alto de la
escalera cuidando de no pasar a llevar a las personas que estaban sentadas al
lado derecho de la escala. Estando a punto de llegar abajo tuvo que pedir
permiso pues había dos personas que entorpecían su camino. Llegó a la banca y
se sintió aliviado de poder leer tranquilo su libro. Eran las 4.40, tenía
tiempo de leer. Al sentarse entremedio de los dos advirtió que la persona a su
derecha se había ido. Quedo el hombre a su izquierda, él y el asiento vacío a
su derecha. Siguió leyendo tranquilamente mientras esperaba su bus. Uriel tenía
la esperanza de encontrar alguna vez a su amor entre las multitudes, creía que
la persona indicada podría encontrarse (y encontrarla) en cualquier parte, en
cualquier situación, en cualquier momento inesperado. Por otro lado creía que
Dios le tendría una mujer preparada y se la presentaría en el momento adecuado.
Era una de sus grandes dudas existenciales. De pronto una niña de su edad se
quedó parada en frente de él pensando en qué iba a hacer (seguramente pensando
en su bus, o algo en relación a eso). Ella lo miraba de reojo, él pensó, querrá
algo conmigo? Era una niña bellísima, de todas formas su ego latia y queria que
ella se fijara en él. Usaba un abrigo cuadrillé blanco y negro y abajo
pantimedias y botas. Era preciosa. Uriel le dirigió su mirada y ella hizo un
gesto que él interpretó como que ella se estaba fijando en él sin mirarlo, como
pensando en lo que iba a hacer ahora que había visto a este chico. (Él
interpretaba siempre cosas pequeñas de las mujeres, interpretaba miradas,
movimientos. Quizás quería reafirmarse y levantar su autoestima pensando que
las chicas se fijaban en él) Decidió, sin pensarlo mucho, sentarse a un lado de
Uriel al costado derecho de la banca. Él sabía que ella no era la chica
indicada para él, a pesar que era hermosa. Él quería algo más, quizás algo más
trascendental, algo que lo llenara de seguridad para entablar un dialogo con
algún tipo de interés subliminal. Al parecer la niña se comportaba de una
manera un poco inquieta, movía su pierna repetidamente, Uriel lo interpretaba
como interés de parte de ella, como nerviosismo de haberse sentado ahí por un
propósito y no ser correspondida. Uriel se mantuvo siempre firme en la postura
de no tomarla en cuenta y eso probablemente exacerbaría el interés de esta
niña. Mientras se mantenía firme pensaba en ella Lorena. Se mantuvo firme pues
él sabía que su deseo iba dirigido hacia algo mucho más profundo, más cabal. Ni
siquiera la miró bueno si, la miraba, pero de reojo. Su interés era más bien
sexual, era una niña preciosa, él se imaginaba su piel tersa, su limpieza. Era
una mujer que lo atraía realmente, pero no en el sentido amoroso, por lo tanto
la dejó pasar. Ella se alejó en un momento, era el momento de decir adiós. Fue
a tomar su respectivo bus. Había sido un intento frustrado de agradar y buscar
a Uriel? Nunca lo sabremos, era lo que él pensaba hacia su interior. La niña se
perdió entre la muchedumbre, nunca más la volvería a ver.
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